Te han hablado del EMDR y una parte de ti siente curiosidad. Tal vez alguien de confianza lo ha probado, o lo viste en redes, o tu psicóloga te lo ha propuesto como una opción para trabajar un trauma que aún pesa.  

Pero junto con ese interés aparecen las dudas: “¿Y si me hace revivir todo lo que tanto me costó dejar atrás?” “¿Y si me siento peor?” “¿Cómo sé si voy a poder sostenerlo?” 

Es normal. En Alianza Psicólogos acompañamos a muchas personas que llegan justo en ese punto: con ganas de sanar, pero con miedo de que el proceso sea demasiado.  

Por eso, queremos contarte con calma en qué consisten las terapias EMDR, qué puedes esperar en tus primeras sesiones y por qué no tienes que hacerlo sola ni sin preparación. Porque cuando sabes lo que viene, el camino da un poco menos de miedo. 

¿Qué es exactamente EMDR y por qué puede ayudarte? 

El EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) es un abordaje terapéutico validado por organismos internacionales para el tratamiento de traumas psicológicos.  

Pero no hace falta que te aprendas el nombre completo. Basta con saber que es una forma de ayudar a tu cerebro a procesar recuerdos que quedaron bloqueados, como si una parte de ti siguiera atrapada en el pasado. 

Cuando vives algo muy difícil (una relación abusiva, un accidente, una pérdida, una infancia marcada por el miedo), tu sistema nervioso entra en modo supervivencia. En ese estado, a veces no puedes procesar bien lo que está pasando.  

El recuerdo queda «congelado», asociado a sensaciones físicas intensas o emociones abrumadoras. 

Las terapias EMDR ayudan a «descongelar» esa información y a recolocarla, sin que pierdas el recuerdo, pero aliviando la carga emocional que arrastra. No es magia. Es neurobiología con cuidado emocional. 

Mitos y realidades sobre el EMDR 

Antes de seguir, hablemos de algunas creencias que generan dudas (y que probablemente también han pasado por tu cabeza): 

“¿Tengo que contarlo todo con detalle?” 

Tampoco. El EMDR permite trabajar incluso con recuerdos que no puedes o no quieres verbalizar completamente. El foco está en lo que sientes al recordarlo, más que en relatar la historia. 

“¿Me van a borrar la memoria?” 

No. El objetivo no es olvidar, sino que el recuerdo deje de doler como si estuviera ocurriendo ahora mismo. Es como dejar de tener una herida abierta para que se vuelva cicatriz. 

¿Cómo son las primeras sesiones de EMDR? 

Una de las cosas más importantes del EMDR es que no se empieza por el trauma. Las primeras sesiones están pensadas para que te sientas segura, para conocerte, para cuidar tus ritmos. Este proceso tiene distintas fases, y cada una cumple una función distinta. Vamos paso a paso: 

Fase 1: Evaluación La terapeuta te acompaña a revisar tu historia vital, tus síntomas actuales y tus recursos personales. Se identifican los recuerdos que podrían estar en el centro del malestar, pero sin entrar a procesarlos todavía. Aquí es donde se crea el vínculo, donde te sientes escuchada y comprendida. 

Fase 2: Preparación y recursos Antes de tocar nada doloroso, se trabaja en crear un «cinturón de seguridad emocional»: ejercicios de respiración, visualizaciones positivas, lugares seguros, anclajes que te ayuden a autorregularte. El objetivo es que, cuando llegue el momento de trabajar con los recuerdos, tengas herramientas para sostenerte. 

Fase 3: Reprocesamiento Solo cuando tú estés lista. La terapeuta te acompaña a conectar con una imagen, sensación o pensamiento relacionado con el recuerdo traumático.

A partir de ahí se utiliza la estimulación bilateral (movimiento de ojos, tapping o sonidos alternos) para ayudar al cerebro a procesar esa información de forma más adaptativa. Puede que aparezcan emociones, pero no te vas a quedar atrapada en ellas. Siempre puedes parar, respirar, volver al presente. 

Fase 4: Cierre Cada sesión termina con un espacio de cierre. No te vas a casa removida ni desbordada. Se repasan los recursos de calma, se evalúa cómo estás y se deja tiempo para volver a ti, con calma. La idea no es abrir y dejarte sola, sino cerrar con cuidado. 

¿Y si me siento peor al principio? 

Esta es una de las preguntas más comunes, y tiene sentido. A veces, al empezar a mover algo que estuvo congelado, puede haber un poco de incomodidad. Es como cuando despiertas un múbulo dormido: hay una sensación rara.  

Pero eso no significa que el proceso te esté haciendo daño. Significa que algo se está moviendo. Y si en algún momento necesitas frenar, volver a prepararte o reforzar tus recursos, la terapeuta estará ahí para adaptarse a ti. 

En nuestra experiencia con terapias EMDR, muchas personas sienten alivio incluso antes de empezar a procesar recuerdos. Solo el hecho de entender lo que les pasa y tener un espacio seguro ya empieza a cambiar algo. 

¿Cuántas sesiones hacen falta? 

No hay una respuesta universal. Depende del tipo de trauma, del momento vital en el que estés, de tus recursos internos. Algunas personas notan un gran cambio en pocas sesiones.  

Otras necesitan más tiempo para prepararse y avanzar. En todo caso, la terapia se adapta a ti, no al revés. Y lo importante no es cuánto dura, sino que te sientas acompañada y cuidada. 

Pequeña guía para prepararte para tus sesiones 

No necesitas hacer nada especial para venir a terapia, pero hay algunos cuidados que pueden ayudarte a vivir las primeras sesiones con más tranquilidad: 

También puedes decirle a tu terapeuta lo que necesitas: si prefieres hablar poco, si quieres parar cuando lo sientas, si tienes dudas. Está bien. Este proceso es tuyo, y merece ser respetado en cada detalle. 

EMDR no es solo una técnica, es un acompañamiento

Aunque el EMDR tiene un protocolo estructurado, lo más importante no es la técnica en sí. Es la relación terapéutica. Sentirte cuidada, no juzgada. Saber que puedes hablar o callar, avanzar o pausar. Que hay una profesional a tu lado que no va a forzarte ni a dejarte sola. 

En Alianza Psicólogos, trabajamos las terapias EMDR desde ese lugar: el de la calma, la comprensión profunda y el respeto por tus tiempos. Sabemos que sanar un trauma no es volver al pasado, sino poder mirarlo sin que te arrastre.  

Y ese viaje, aunque a veces da miedo, se vuelve mucho más llevadero cuando se hace acompañada. 

Si sientes que es el momento de empezar a soltar lo que pesa, puedes pedir una primera valoración. Presencial en Albacete o en modalidad online, como te sientas más segura. 

Sanar no siempre es rápido. Pero es posible. Y empieza por dar un paso. Si quieres, estamos aquí para caminarlo contigo. 

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